julio 12, 2015

Holocausto silencioso






Me sorprende cómo ha cambiado el mundo, ahora los fines son mediocres como su gente.
Las personas no salen para convivir y pasarla bien, tener momentos agradables con su familia, salen con el propósito de llegar a la casa para así poder publicar cientos de fotos en las redes sociales. Ya no existe esa confidencialidad en la felicidad, ese atesoramiento del momento propio o familiar, de pareja; hemos perdido la vergüenza a mostrarnos al mundo. 


Ya no se tienen relaciones duraderas con el fin de convivencia armoniosa y bien intencionada, con el fin de sentirse querido y querer, se tiene con el propósito de publicarse día a día en redes sociales; a pesar de ser relaciones enfermas llenas de celos y amarguras entre ellos, pero sus mensajes siempre puntuales, las fotografías jurando amor eterno no faltan; estamos cayendo en las relaciones por mutuo acuerdo de enseñanza, son relaciones que uno puede presumir a sus alrededores, pero relaciones falsas.

Se ha perdido el verdadero significado de las palabras, palabras tan fuertes como justicia se creen inalcanzables por el puro hecho de ser parte de las mismas injusticias, por preferir dar un soborno que recibir el castigo que merecen.


Palabras cortas como paz, no se encuentran en la guerra ni en el hogar. Antes era un placer inigualable el de llegar a tu casa y comer comida caliente, en compañía de quienes uno quiere. Pero eso se ha cambiado, los hogares están llenos de tecnologías que nos facilitan la vida y nos embrutecen el cerebro, la comodidad del no hacer nada es superior. Es ahí donde entran los conflictos en el hogar y se vuelve campo de batalla.

El egocetrismo y autoengrandecimiento; son mayores que cualquier acto de humanidad posible que podamos tener hacía los demás.

Estamos en un mundo de big brother, dónde las personas han dejado de darle importancia a lo importante y se han concentrado en compartir sus supuestas vidas en redes sociales.


Palabras tan fuertes como amor, han perdido fuerza, se utilizan sin cuidado alguno, se le dio un nuevo significado similar al de la necesidad o aprecio banal, un gusto simple por algo o alguien, sin la emoción que se entendía de esa palabra. Se repite una y otra vez dentro del día “amo esas zapatillas” “amo como se te ve esto o aquello” “amo a mi familia” “te amo millones” “amo las galletas” “amo mi auto” “amo mi celular.” Y así poco a poco las palabras se degradan, al igual que nuestra escritura, se pierde el interés por el bien escribir, se pierde el interés por utilizar adecuadamente la lengua, se pierde el interés por tener cuidado en lo que se dice, se pierde el interés por el actuar correctamente, se pierde el interés por ser alguien.

Así se pierde el hombre entre estupideces, poniendo en evidencia su involución. 


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